Cuántas horas asignar a un curso de teleformación: no hay norma que lo fije y el módulo económico no debe decidirlo
No hay norma que fije las horas de un curso de teleformación: cuentan complejidad, interactividad y ejercicios. Y sentido común: 60 horas que se acaban en 3 están mal dimensionadas.
No existe ninguna norma que fije cuántas horas debe tener un curso de teleformación bonificada. La duración depende de la complejidad de la materia, de la interactividad del temario y de la cantidad de ejercicios, y la única medida fiable es lo que tardan en completarlo alumnos distintos. En el taller de asociados del 4 de septiembre, el soporte de Autoforma añadió el criterio que de verdad decide un requerimiento: el sentido común. Un curso de 60 horas que todo el mundo termina en dos o tres está mal dimensionado, y ajustar las horas al módulo económico para llegar al precio deseado es lo que pone en riesgo el sistema.
La cuestión llegó al taller desde una socia que preguntaba si las horas de un curso online dependían del número de páginas del temario. Patricia Fernández, del soporte, dio la respuesta técnica y José Antonio Márquez, que condujo la sesión, la completó con la experiencia del Departamento Jurídico. El resto de la sesión se recoge en la crónica y el podcast completo del taller del 4 de septiembre.
El tema arranca en el minuto 25:15 del taller; el reproductor queda acotado al tramo (25:15–27:34).
Las horas no dependen del número de páginas: complejidad, interactividad y ejercicios
La respuesta de partida desmonta el atajo más habitual. El número de páginas del temario no es la medida, explicó el soporte: «son muchos factores», y el peso lo llevan la complejidad de la materia, la interactividad del temario y la cantidad de ejercicios que incorpora. Un contenido denso con actividades y controles de aprendizaje exige más tiempo que un manual largo que se lee de corrido, y eso es lo que un técnico va a contrastar con los registros de la plataforma.
De ahí el método que propuso Patricia Fernández: «la manera de saber el contenido de un curso es que lo hagan diferentes alumnos y saber el promedio» de lo que tardan. Es una medición empírica, no un cálculo de gabinete, y encaja con lo que la Administración revisa cuando pide la trazabilidad de una acción, según el checklist de teleformación del SEPE: tiempos de conexión, actividades completadas y controles superados, alumno por alumno.
Sentido común: sesenta horas que todo el mundo termina en tres están mal dimensionadas
José Antonio Márquez llevó la cuestión al terreno que, según dijo, repite en todos sus cursos: «cuando un determinado curso de 60 horas de teleformación todo el mundo lo termina en dos y tres horas, hay algo que seguramente no estemos haciendo bien». Y lo que no se ha hecho bien, añadió, «es dimensionar el curso». El registro de la plataforma no miente: si los tiempos de conexión de todos los participantes se quedan a una fracción de las horas comunicadas, el problema no es del alumno, es del diseño.
Importante: el ponente señaló sin rodeos el motivo real de muchos cursos sobredimensionados: poner 60 horas «para que el módulo económico multiplicado por el número de horas por 7,5 se aproxime mucho a los 420 euros que yo le quiero cobrar a esa empresa». Fijar la duración a partir del precio, y no del contenido, es exactamente lo que un técnico detecta al cruzar horas comunicadas con tiempos reales de conexión. Sobre el módulo de teleformación y su congelación, la línea editorial de Expeforma sobre los módulos económicos.
La razón de fondo que dio el ponente es la misma que atraviesa todos los talleres de la casa: «hay que buscar el sentido común en la formación bonificada porque, si no, nos vamos a cargar este invento tan fantástico». Encorsetar una formación en 60 horas que se completa en tres no tiene otro objetivo que el económico, y ese objetivo es el que la Administración persigue.
No hay norma que lo regule; hay instrucciones del SEPE y la experiencia del Departamento Jurídico
A la pregunta directa —¿hay alguna normativa que regule el número de horas?— la respuesta fue igual de directa: «No, no tenemos nada». Existen las instrucciones del SEPE, que «tampoco aterrizan mucho eso», y poco más. Lo que sí hay, como referencia de lo que la Administración verifica en una acción de teleformación, es el marco que se describe en la guía didáctica de teleformación que la UNED verifica por encargo del SEPE, donde la duración debe ser coherente con los contenidos, las actividades y la evaluación.
En ausencia de norma, el criterio que pesa es el que aportó el ponente desde la experiencia del Departamento Jurídico de Autoforma: «cuando se ha defendido todo con sentido común, se han tenido éxitos. Cuando no tenemos argumentos dentro del marco del sentido común, se complica mucho la cosa». Un curso cuya duración se puede explicar por su contenido y por los tiempos reales de los alumnos se defiende; uno cuya única lógica es el módulo, no.
En claro: las horas de un curso de teleformación no las fija ninguna norma. Se dimensionan por complejidad, interactividad y ejercicios, se contrastan midiendo lo que tardan alumnos distintos y se defienden con sentido común. Cuando el módulo económico decide la duración, el registro de conexiones de la plataforma acaba delatándolo.
El tramo dejó una regla operativa sencilla para quien diseña o comercializa cursos online: antes de comunicar las horas, comprobar que el contenido las justifica y que los tiempos reales de los alumnos las acompañan. Si el curso se termina en una fracción de lo declarado, la duración —y con ella el importe bonificado— es lo primero que un técnico va a cuestionar, y lo último que se puede defender sin argumentos. Para la parte de evaluación, que tampoco admite atajos, el examen final en teleformación bonificada es innegociable.
Este artículo recoge una de las cuestiones tratadas en el taller de asociados de Autoforma del 4 de septiembre de 2026. El criterio expuesto no sustituye al asesoramiento sobre un expediente concreto.